A menudo mi timidez me impide acercarme a las personas y pedirles posar. Reconozco ser de esas fotógrafas que roban momentos, gestos y miradas distraídas.
Pero en China todo esas reticencias inevitablemente se olvidan porque la gente se te acerca y te sonríe o dan la vuelta a la situación y te piden hacerse una foto contigo o te roban ellos una.
Uno de los jardineros de las dos pagodas gemelas de Shiang Ta me dedicó esta hermosa sonrisa para la fotografía. Una sonrisa abierta y real, lo más lejos de la “sonrisa Profiden” a la que muchos aspiran.










